¿Y si el futuro estuviera en el cuidado en casa?

Ester Risco, enfermera, docente e investigadora, defiende un modelo de atención que permita a las personas mayores recuperarse en su entorno habitual, conservar su autonomía y recibir los cuidados que necesitan sin dejar solas a sus familias. En el podcast de Nos hacemos mayores, también se reflexiona sobre el papel de la enfermería, la soledad y el uso de la inteligencia artificial en la sanidad.

¿Y si el futuro de la atención sanitaria estuviera, en parte, en nuestros propios hogares? A medida que envejecemos, contar con los cuidados adecuados, mantener la autonomía y permanecer en un entorno conocido se convierte en una prioridad para muchas personas mayores y sus familias.

Para Ester, enfermera con experiencia asistencial, docente universitaria y vinculada a la investigación y la innovación, es necesario transformar la forma en que organizamos los cuidados. No basta con tratar las enfermedades cuando aparecen: también hay que prevenir complicaciones, facilitar la recuperación y garantizar que las personas reciban apoyo adaptado a sus necesidades.

En su conversación con Donato, en el podcast de Nos hacemos mayores, Ester aborda algunos de los grandes retos del envejecimiento: la atención domiciliaria, la soledad de las personas mayores, el apoyo a las familias cuidadoras, el reconocimiento de la enfermería y las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial.

Su mensaje es claro: los cuidados no pueden ser un complemento de la atención sanitaria; deben ocupar un lugar central.

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Cuidados a las personas mayores: ¿por qué apostar por la atención en casa?

Durante años, el hospital ha sido el principal referente cuando aparece un problema de salud. Sin embargo, el envejecimiento de la población y la creciente complejidad de las necesidades sanitarias y sociales obligan a explorar otras formas de atención.

Ester considera que el domicilio puede convertirse en un entorno fundamental para cuidar a las personas mayores, siempre que su situación clínica lo permita y existan los recursos profesionales y sociales necesarios.

«Cuando llegamos al domicilio, somos nosotros los que nos adaptamos a ellos», explica al comparar la atención en casa con la hospitalaria.

La diferencia es importante. En su propio hogar, la persona mayor conserva sus rutinas y permanece en un entorno conocido. Además, los profesionales pueden comprender mejor sus circunstancias personales, sus hábitos y las dificultades a las que se enfrenta en el día a día.

Por el contrario, una hospitalización puede tener consecuencias para algunas personas mayores vulnerables, como pérdida de autonomía, deterioro funcional, desorientación o infecciones asociadas a la estancia hospitalaria.

Esto no significa que el hospital deje de ser imprescindible cuando se necesita atención especializada. Significa que, cuando es seguro y adecuado, cuidar y favorecer la recuperación en casa puede aportar beneficios importantes.

¿Qué ventajas tiene recibir cuidados en el domicilio?

La atención domiciliaria permite comprobar si las recomendaciones sanitarias se adaptan realmente a la vida de cada persona.

Durante una visita, los profesionales pueden valorar si la persona comprende cómo debe tomar su medicación, si sigue una alimentación adecuada, si puede realizar las actividades recomendadas o si necesita ayuda para desenvolverse en casa.

También pueden identificar dificultades que quizá no se aprecian durante una consulta.

Como explica Ester, no es lo mismo dar una recomendación que conocer las condiciones reales en las que debe cumplirse.

Este seguimiento permite adaptar los cuidados, detectar necesidades y trabajar con las familias para prevenir complicaciones.

Un proyecto piloto que redujo las estancias hospitalarias en 6,5 días

Durante la entrevista, Ester comparte una experiencia concreta de colaboración entre el ámbito sanitario y el social.

Según los resultados de la iniciativa piloto, se permitió reducir las estancias hospitalarias en una media de 6,5 días.

También señala mejoras en la recuperación y en la calidad de vida, así como avances en la prevención del deterioro funcional y de las infecciones.

La experiencia pone de relieve una cuestión fundamental: apoyar a las familias puede beneficiar tanto a las personas mayores como al conjunto del sistema sanitario. Una recuperación segura en casa puede evitar días de hospitalización que no sean necesarios y favorecer que la persona vuelva antes a su entorno habitual.

El reto consiste en evaluar estas experiencias y facilitar que los modelos que demuestren su utilidad puedan extenderse más allá de proyectos locales.

El dato de los 6,5 días corresponde al proyecto mencionado en la entrevista; no debe interpretarse como una reducción general aplicable a todas las personas mayores o a todos los programas de atención domiciliaria.

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La soledad de las personas mayores: ¿quién las cuida cuando viven solas?

La apuesta por los cuidados en casa plantea una pregunta inevitable: ¿qué ocurre cuando una persona mayor vive sola o no dispone de familiares que puedan ayudarla?

Ester reconoce que esta es una de las principales dificultades para transformar el modelo asistencial. Algunas personas no cuentan con una red de apoyo, mientras que otras tienen familiares que quieren cuidar, pero carecen del tiempo, los conocimientos o los recursos necesarios.

Por eso, insiste en la importancia de coordinar los servicios sanitarios con los servicios sociales.

Trasladar la atención al domicilio sin proporcionar apoyos suficientes puede generar desigualdades. Quienes cuentan con una familia disponible pueden tener más facilidades para recuperarse en casa, mientras que quienes están solos pueden encontrarse con mayores dificultades.

La atención domiciliaria debe contemplar estas diferencias y ofrecer respuestas adaptadas a cada situación.

El objetivo no es que las familias asuman por sí solas toda la responsabilidad, sino construir una red de apoyo que permita a las personas mayores recibir los cuidados que necesitan con seguridad y dignidad.

¿Quién cuida al cuidador? Escuchar también a las familias

En muchas ocasiones, el cuidado de una persona mayor recae principalmente sobre un familiar. Una hija, un hijo, la pareja u otra persona cercana puede acabar dedicando gran parte de su tiempo a atender sus necesidades.

Pero ¿quién se ocupa de quien cuida?

Ester recuerda que, durante su experiencia en la atención domiciliaria, cuando preguntaba a los cuidadores cómo estaban, sus respuestas solían centrarse en la persona atendida. Hablaban de si había dormido bien, si había comido o si había surgido algún problema, pero pocas veces expresaban su propio cansancio.

«Tener espacios para escuchar y dirigir las preguntas a cómo está el cuidador. Yo creo que es básico», afirma.

Esta reflexión invita a reconocer que los cuidadores también necesitan atención, descanso, orientación y apoyo emocional.

Para conseguirlo, los profesionales sanitarios deben identificar las situaciones de sobrecarga y trabajar conjuntamente con los servicios sociales para orientar a las familias y facilitar los recursos disponibles.

Cuidar sin apoyo puede acabar pasando factura a la salud física y emocional de quien asume esa responsabilidad. Además, si el cuidador enferma o llega al límite de sus fuerzas, también puede ponerse en riesgo la continuidad de los cuidados.

Por eso, cuidar a quien cuida es también cuidar a la persona mayor.

Enfermería: mucho más que administrar medicamentos

Otro de los mensajes centrales de Ester es la necesidad de dar mayor visibilidad al trabajo de enfermería y reconocer el conocimiento científico que hay detrás de los cuidados.

Cuidar no consiste únicamente en realizar determinadas tareas. Implica valorar las necesidades de cada persona, tomar decisiones, prevenir complicaciones y ofrecer una atención fundamentada en la formación y la evidencia científica.

Ester lo resume así: «Entender a la persona que tengo delante, comprender qué necesita y, con todo este conocimiento, ofrecer la mejor atención».

Las enfermeras acompañan a las personas a lo largo de distintas etapas de la vida y desempeñan un papel fundamental en la educación sanitaria, la prevención, el seguimiento de los tratamientos y la atención a pacientes y familias.

Sin embargo, Ester considera que su aportación no siempre está suficientemente reconocida y que las enfermeras deben tener una mayor participación en la planificación y gestión de los servicios sanitarios.

Su experiencia en la asistencia, la docencia, la investigación y la innovación le ha permitido conocer diferentes ámbitos de la profesión. Desde esa perspectiva, reivindica que las competencias enfermeras se tengan en cuenta también en los espacios donde se toman decisiones estratégicas.

Mejorar los cuidados requiere escuchar a quienes conocen de cerca las necesidades cotidianas de pacientes y familias.

Enfermería geriátrica: una oportunidad para mejorar la atención a las personas mayores

Ester trabaja también como docente universitaria en el ámbito de la geriatría, dedicado al cuidado de las personas durante el proceso de envejecimiento.

Desde su experiencia, señala que trabajar con personas mayores no siempre se percibe inicialmente como una opción atractiva entre quienes estudian enfermería. Todavía existen prejuicios sobre la vejez y sobre el trabajo asistencial con este grupo de población.

Sin embargo, recuerda que las personas mayores están presentes en prácticamente todos los servicios sanitarios, no solo en las unidades especializadas en geriatría.

Además, sus necesidades pueden combinar problemas de salud, dificultades funcionales y circunstancias sociales que requieren una atención integral.

Para Ester, esta complejidad representa una oportunidad para desarrollar conocimientos especializados, tomar decisiones, coordinar cuidados y contribuir a mejorar la calidad de vida.

También considera necesario reforzar la formación en los cuidados durante el envejecimiento para responder mejor a las necesidades de una población que requiere cada vez más atención.

Su mensaje para quienes se plantean estudiar enfermería es positivo: se trata de una profesión con diferentes ámbitos de trabajo, oportunidades de desarrollo y una función esencial para el futuro de la sociedad.

Inteligencia artificial en sanidad: tecnología para dedicar más tiempo a las personas

La inteligencia artificial también ocupa un lugar destacado en la conversación. Ester se muestra entusiasmada con las posibilidades que ofrecen estas herramientas para mejorar la organización del trabajo sanitario.

«Estoy en una fase de enamoramiento total con la inteligencia artificial», confiesa durante la entrevista.

Explica que estas herramientas le permiten agilizar determinadas tareas, organizar información, preparar textos y optimizar parte de su trabajo, siempre utilizando su propio conocimiento profesional para valorar las decisiones.

La idea es aprovechar la tecnología para reducir la carga administrativa y dedicar más tiempo a las tareas que requieren criterio clínico, escucha y acompañamiento.

La documentación puede consumir una parte importante de la jornada de los profesionales sanitarios. Si la tecnología permite simplificar estos procesos de forma segura, puede contribuir a liberar tiempo para la atención directa.

Pero Ester establece un límite claro: la tecnología no debe sustituir el contacto humano.

Una mirada, una conversación y la capacidad de acompañar a una persona en un momento de vulnerabilidad siguen siendo esenciales.

El desafío consiste en utilizar la inteligencia artificial como una herramienta de apoyo, con supervisión profesional y garantías de privacidad, sin perder de vista que los cuidados se dirigen a personas con necesidades concretas.

¿Cómo debería cambiar el sistema sanitario para cuidar mejor?

Cuando se le pregunta qué cambiaría de la sanidad actual, Ester señala la necesidad de revisar cómo se financian y evalúan los servicios sanitarios.

En su opinión, no basta con contar cuántas consultas se realizan, cuántas altas se registran o cuántos ingresos se producen. También es importante valorar los resultados en salud y la calidad de los cuidados que reciben las personas.

Pone como ejemplo los programas que facilitan la recuperación en casa. Si una intervención permite que una persona reciba los apoyos adecuados, se recupere en su entorno y reduzca una hospitalización evitable, el sistema debería reconocer ese resultado y facilitar la continuidad de las iniciativas que funcionan.

De lo contrario, proyectos que pueden beneficiar a los pacientes encuentran dificultades para consolidarse.

Ester defiende una planificación que tenga en cuenta la prevención, la atención domiciliaria, la colaboración entre sanidad y servicios sociales y los resultados obtenidos por las intervenciones.

También reclama una mayor presencia de las enfermeras en la gestión y en los espacios donde se diseñan las estrategias de atención.

La transformación, sostiene, requiere recursos, evaluación y cambios organizativos que permitan responder mejor a las necesidades reales de la población.

El futuro de los cuidados a las personas mayores empieza por escuchar sus necesidades

La conversación con Ester deja una reflexión que va más allá de la organización de los servicios sanitarios.

Envejecer con calidad de vida implica poder recibir los cuidados adecuados, conservar la autonomía durante el mayor tiempo posible y contar con apoyos cuando aparecen dificultades.

La atención domiciliaria puede desempeñar un papel importante, pero debe acompañarse de recursos sanitarios y sociales suficientes. Las familias necesitan apoyo para cuidar sin poner en riesgo su propia salud. Los profesionales, por su parte, requieren formación, tiempo y reconocimiento para ofrecer una atención de calidad.

La inteligencia artificial puede ayudar a mejorar los procesos, pero no debe desplazar la relación humana que da sentido a los cuidados.

Ester reivindica una enfermería con mayor protagonismo, capaz de contribuir no solo a la atención directa, sino también a la investigación, la innovación y la gestión de los servicios.

Su mensaje es una invitación a repensar cómo queremos cuidar y cómo queremos ser cuidados cuando envejecemos.

Porque el futuro no consiste únicamente en vivir más años, sino en poder vivirlos con la mayor autonomía, bienestar y dignidad posibles. Y para conseguirlo, los cuidados deben ocupar el lugar central que merecen.

Descubre otros entrevistados.

Hoy te propongo conocer a Oriol Fuertes de Qida, una empresa especializada en cuidados personalizados en el hogar.

Ronda de preguntas personales:

Afición: el deporte en general.

Persona referente: a todas las personas que he ido conociendo, pero quiero destacar a las entidades del tercer sector por su trabajo.

Aprendizaje: Aprender a no hacer nada, a desconectar.

Cultura: Película: Turno de guardia

Invita a participar: a Jordi amblàs y a Griselda Manzano

Contactos:
👉 ESTER RISCO

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