La verdad sobre el sueño en las personas mayores
Son las cinco. La casa está en silencio. Pero tu madre ya está despierta. Dice que ha dormido suficiente. A media mañana, sin embargo, se queda dormida en el sillón.
Muchos hijos se hacen la misma pregunta: ¿es normal que las personas mayores duerman mal?
En el podcast hablamos con María José Martínez, bióloga especializada en cronobiología, el estudio de los ritmos biológicos. Y su mensaje fue claro:
Dormir mal no es una consecuencia inevitable de envejecer.
El sueño cambia con la edad. Pero el mal descanso no debería normalizarse.
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¿Cómo cambia el sueño a partir de los 60 años?
Con el envejecimiento se producen modificaciones reales en el organismo:
- Disminuye la producción de melatonina.
- El sueño profundo se reduce.
- Aparecen más despertares nocturnos.
- El ritmo circadiano pierde precisión.
Por eso el sueño en la tercera edad suele ser más ligero y fragmentado. Pero eso no significa que tenga que ser insuficiente.
Aquí está la diferencia clave:
Cambiar no es empeorar.
El problema aparece cuando el insomnio en personas mayores se convierte en algo crónico y afecta a la energía, al ánimo o a la salud.

La pregunta que de verdad importa
Más que contar horas, conviene observar una cosa sencilla:
¿Cómo se levanta?
Si una persona mayor:
- Se siente descansada.
- Puede realizar su actividad habitual.
- No necesita exceso de café.
- No está todo el día adormilada.
Probablemente su descanso sea adecuado para su edad.
El sueño saludable en adultos mayores no siempre implica dormir ocho horas seguidas. Implica recuperar energía.
¿Son buenas las siestas en las personas mayores?
La siesta genera debate.
En adultos jóvenes se recomienda que no supere los 15 o 20 minutos. Más tiempo puede hacer que entremos en sueño profundo y despertemos con sensación de aturdimiento.
Pero en personas mayores la estrategia puede ser diferente.
Cada ciclo completo de sueño dura entre 90 y 120 minutos. Durante ese ciclo, el cerebro:
- Consolida memoria.
- Regula emociones.
- Realiza procesos de limpieza cerebral asociados a la prevención del deterioro cognitivo.
Si el descanso nocturno se ha acortado mucho, puede ser útil incorporar una siesta estratégica de un ciclo completo, preferiblemente después de comer y nunca demasiado tarde.
Lo que no ayuda es pasar el día en pequeñas cabezadas sin estructura.
Televisión por la noche: ¿compañía o problema?
Muchos mayores se duermen con la televisión encendida. Para algunos es compañía frente a la soledad.
Pero las pantallas emiten luz azul, y la luz azul inhibe la melatonina. Es decir, envía al cerebro el mensaje de que todavía es de día.
Si ya existe una disminución natural de melatonina con la edad, añadir este factor puede empeorar el descanso nocturno.
Pequeños ajustes pueden marcar la diferencia:
- Reducir la intensidad de la pantalla.
- Programar el apagado automático.
- Bajar la iluminación del hogar por la noche.
El cerebro necesita contraste: luz y actividad durante el día, oscuridad y calma por la noche.
Sin ese contraste, el reloj biológico se desajusta.

Cenar temprano sí, pero cuidado con el azúcar.
Muchas personas mayores cenan ligero y pronto. Eso es positivo para el descanso.
Sin embargo, hay un detalle poco conocido: la melatonina y la glucosa compiten.
Consumir azúcar cerca de la hora de dormir puede:
- Dificultar la conciliación del sueño.
- Alterar el metabolismo nocturno.
- Empeorar problemas como la diabetes.
El clásico vaso de leche puede ayudar si es simple. Pero si va acompañado de cacao azucarado o bollería, el efecto puede ser el contrario.
El cuerpo necesita enfriarse para dormir. Durante el día somos una máquina en funcionamiento constante. Por la noche debemos liberar calor, como una olla a presión que se apaga. Por eso algunas personas sacan un pie fuera de la cama: es una forma natural de regular la temperatura.
¿La jubilación puede afectar al sueño?
Muchos dicen: “He trabajado toda la vida esperando descansar… y ahora no duermo”.
La jubilación elimina estructuras importantes:
- Horarios fijos.
- Rutinas claras.
- Contacto social diario.
- Exposición regular a la luz natural.
Y el sueño no funciona como un interruptor. No se activa solo por meterse en la cama.
Se construye durante el día.
Exposición al sol por la mañana, algo de movimiento, contacto social, actividad aunque sea suave… todo eso mejora el descanso nocturno en personas mayores.
Incluso tener una mascota puede ayudar: obliga a salir, caminar y estructurar el día.
¿Cuándo hay que preocuparse por el insomnio en la tercera edad?
Conviene consultar cuando aparecen señales como:
- Somnolencia excesiva durante el día.
- Irritabilidad constante.
- Sensación de no haber descansado nunca.
- Dependencia prolongada de pastillas para dormir.
- Síntomas de apnea o piernas inquietas.
Antes de resignarse o medicalizar, conviene revisar hábitos. Muchas veces, pequeños cambios generan mejoras significativas.
Dormir bien también es calidad de vida.
El sueño en las personas mayores está directamente relacionado con:
- La memoria.
- El estado de ánimo.
- La prevención del deterioro cognitivo.
- La autonomía.
Dormir bien no es un lujo. Es una necesidad biológica.
Envejecer no significa aceptar el mal descanso. Significa entender cómo cambia el cuerpo y adaptar los hábitos para protegerlo mejor.
Porque descansar bien también es una forma de dignidad.
Descubre otros entrevistados
Hoy te propongo conocer a Josep Vegés de OAFI, y todo lo que nos enseña sobre la artritis en las personas mayores.
Ronda de preguntas personales:
Afición: La música
Persona referente: Juan Antonio Madrid
Aprendizaje: A organizar nuestras prioridades en el tiempo que tenemos.
Cultura: Cualquier acto con música en directo.
Invita a participar: Francisco Bernal Aranda «El Buen Sueño»
Contactos:
Web:
👉 https://kronohealth.com/
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